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Vegetación

prftpaeoniamin.jpg (6497 bytes)Desde el punto de vista fitogeográfico (biogeográfico de forma más amplia), Madrid se encuentra ubicada en la región mediterránea, si bien, criterios corológicos (mediatizados por factores geológicos, orográficos y paleoclimáticos) y factores altitudinales, van a condicionar poderosamente la asociación y distribución de las especies vegetales. Apelando a aspectos corológicos encontramos que la Comarca de la Sierra Norte de Madrid, está bajo la influencia dominante de lo que se conoce por "provincia Carpetano - Ibérico - leonesa" y en menor medida, por la "provincia Castellano - maestrazgo -  manchega" que se extiende por áreas surorientales. En la primera de las categorias se diferencian bien tres divisiones menores llamadas Paularense, Somosierrense y Guadarramense. A grandes rasgos citaremos que, el primer sector se extiende por todo el Valle del Lozoya y la mayoria de los Montes Carpetanos; el segundo sector ocupa la parte más oriental de la Comarca, desde la Acebeda-Robregordo, hasta las Sierras del Rincón (limitando con Guadalajara); finalmente, el sector Guadarramense se extiende por Cuerda Larga, los altos de la Morcuera, sierras norte y sur de Bustarviejo y los berrocales de La Cabrera, El Berrueco y áreas próximas. La segunda "provincia corológica" está representada en la Comarca por un solo sector, el Torrelagunense que como su nombre indica, está confinado a los enclaves calizos de Torrelaguna y sus inmediaciones. Por tanto, ya sabemos que la distribución de la vegetación no es azarosa, y lo hace de acuerdo a unos factores. No obstante, en un mismo sector la vegetación varia notablemente dependiendo de la altitud en la que nos hallemos. Este nuevo factor, contribuye a diversificar el número de asociaciones vegetales y cuando nos referimos a esta característica lo hacemos bajo el nombre de pisos bioclimáticos, término con el que los botánicos caracterizan diferentes áreas climáticas en función de especies vegetales denominadas indicadoras. En la Comunidad de Madrid se diferencian cuatro pisos (Rivas-Martínez, 1982): mesomediterráneo, supramediterráneo, oromediterráneo y crioromediterráneo. Pasemos a saber un poco más sobre ellos.

El piso mesomediterráneo ocupa una extensa parte de la Comunidad y no sobrepasa las cotas de los 900 m y en ocasiones se aproxima a los 1.000 m. Así pues, la vegetación potencial de este piso, sobre substrato básico, es el encinar manchego (Quercus rotundifolia) y en cotas más elevadas el quejigal (Quercus faginea). Sobre suelo ácido la vegetación potencial sigue siendo encinar, del tipo carpetano que presentan cortejos florísticos diferentes al del anteriormente citado. Pero la vegetación actual, notablemente influida por la acción antrópica, difiere en mucho de la potencial. Subsiste, en ambas zonas, una aceptable representación de los encinares (Quercus rotundifolia) (Diaz Segovia et al.,

1987), que albergan enebros (Juniperus oxycedrus) y, en menor medida el pino carrasco (Pinus halepensis). Como formaciones arbustivas destacan las esplegueras de El Pontón de la Oliva y áreas contiguas, y los aulagares de Torrelaguna, ambos, matorrales mesetarios de suelos calizos. Sobre suelo ácido, el matorral que se extiende por amplias áreas del sector Carpetano, corresponde a los jarales pringosos, que forman parte de las etapas de degradación de encinares, quejigales y, en menor medida, los límites inferiores de los melojares. Podemos encontrar extensos y densos jarales en numerosos puntos de la Comarca, destacando los de Berzosa del Lozoya y los de El Atazar. Esta formación arbustiva no es monoespecifica y además de contar con la jara (Cistus ladanifer), son frecuentes algunas aromáticas como el romero (Rosmarinus officinalis), el cantueso (Lavandula pedunculata), y el tomillo blanco (Thymus mastichina). Nuevas etapas de degradación que suprimen este tipo de matorral, dan paso a pastizales, salpicados de retamas, en especial (Lygos sphaerocarpa). El uso pecuario de las tierras favorecen el asentamiento de vegetales ruderales con querencia nitrófila como el gordolobo (Verhascum ssp.), el senecio (Senecio ssp.), etc. Otra importante formación boscosa del piso mesomediterráneo, son las saucedas meseteñas (Izco, 1984) que crecen sobre ramblas, y junto a ellas medran choperas que alternan con olmos y, ya lejos de la influencia del agua, los encinares o jarales. Las saucedas tienen gran trascendencia a la hora de preservar los bosques de galería, ya que ejercen una función defensiva frente a la acción erosiva de las aguas que destruyen los taludes riparios. Los sauces (Salix ssp.), sujetan las orillas gracias a su denso haz radicular que traba con firmeza el suelo. El piso supramediterráneo, se extiende por tierras con altitudes que van desde la cota superior del mesomediterráneo hasta los 1.650-1750 m, aproximadamente. Estas áreas son las que presentan mayor diversidad vegetal. La vegetación potencial sigue dominada por los encinares en cotas inferiores y por encima de ellos el robledal de melojo (melojar) (Quercus pyrenaica) (Aramburu Maquia et al., 1987). Esta especie arbórea, forma parte de los pisos basales de la catena de vegetación montana de Guadarrama, en cualquiera de sus tres sectores, aunque según criterios botánicos se distinguen dos tipos de robledal: los melojares guadarrámicos muy ampliamente extendidos por la Sierra Norte y los melojares ibéricos (Ferreras & Arozena, 1987), confinados en su mayoria, al extremo oriental de las Sierras del Rincón (La Hiruela, Puebla de la Sierra y municipios próximos). No resulta fácil exponer las claves de esta diferenciación aunque para el neófito, puede valer una ligera apreciación casi intuitiva. Los melojares ibéricos son más húmedos ya que están afectados por un clima más oceánico, circunstancia que permite la supervivencia de pequeñas manchas boscosas de hayas (Fagus sylvatica). El sotobosque o las etapas de sustitución del mismo están dominados por los brezales rojos en detrimento de los jarales, más frecuentes en los melojares guadarrámicos. Un buen ejemplo de melojar ibérico es el que ocupa gran parte del municipio de Puebla de la Sierra. En el caso del melojar guadarramense son muchos los enclaves que podriamos destacar, aunque haremos especial referencia a los de la zona de El Paular-Puerto de Canencia o la falda N de los Altos del Hontanar. En las cotas inferiores el melojar participa de especies vegetales también presentes en el piso inmediatamente inferior, como son: las jaras, cantueso, tomillos y encinas. En cotas superiores del robledal, se les une el pino albar (Pinus sylvestris), invadiendo gran parte de sus dominios como resultado de una intensa repoblación forestal. También destacan el pino negral (Pinus pinaster), una discreta mancha de hayas (Fagus sylvatica) en Montejo de la Sierra, las sabinas (Juniperus thurifera), los serbales (Sorbus aucuparia) y algunos pies de plantas de acebos (llex aquifolium) cuyas agrupaciones más destacables son las de Robregordo. En cotas superiores las especies arbustivas más destacables son el piorno (Cytisus purgans), el escobonal (Sarothamnus scoparius), el torvisco (Daphne gnidium), el helecho común (Pteridium aquilinum), el rosal silvestre (en especial Rosa canina), las zarzamoras (Rubusspp.) y el espino albar (Crataegus monogyna). De igual modo que en el piso inmediatamente inferior, los cursos de agua sectorizan las laderas de la sierra, creciendo en torno a ellos una vegetación riparia muy típica, liderada por diversas especies de sauces (Salix ssp.): son las saucedas montañas. Lamentablemente, muchas están degradadas y sustituidas por orlas de espinosas como los zarzales oligotrofos higrófilos o, bien, por juncales cenagosos. Un buen ejemplo de estas saucedas podemos hallarlo junto al Arroyo de Canencia (Izco, 1984). En este mismo piso bioclimático se hallan los abedulares (Betula celtiberica). El piso oromediterráneo alcanza aproximadamente los 2.000-2.100 m. La primera adaptación de la vegetación a estas alturas es la ausencia de árboles y arbustos elevados; el enanismo y la postración son los primeros resultados de la acción de los factores climáticos, en especial del viento y de la sequedad ambiental. En las cotas superiores de este piso se hacen frecuentes los piornos (Cytisus purgas) y, en menor medida, los jabinos (Juniperus nana), mientras que se rarifican y desaparecen los pinos albares (Pinus sylvestris), estando presentes únicamente en los niveles basales que contactan con el piso inmediatamente inferior. Por último, citar el piso crioromediterráneo que ocupa cotas superiores a los 2.000-2.100m, y aunque minoritariamente representado en la Comarca de la Sierra Norte de Madrid resulta de extraordinario interés biológico. Si contemplamos en la distancia las cumbres de Guadarrama creeremos verlas peladas. Esa percepción es totalmente falsa, pues ya sobre ellas podremos comprobar cómo están cubiertas por un pastizal graminoide, vivaz, cespitoso, duro, denso, raso, que debe soportar condiciones climáticas extraordinariamente adversas, al punto que resultan imposibles para la vida de los recios piornos (Cytisus purgans), jabinos (Juniperus nana) y por supuesto, para el pino albar (Pinus sylvestris). Estos herbazales orófilos está liderados por dos especies Festuca indigesta y Hieracium vahlii ssp. myriadenum.

Esta breve diagnosis sobre los pisos bioclimáticos de la Sierra de Guadarrama ha pretendido recoger, de un modo sencillo para el neófito, las caracteríticas más relevantes de la estratificación vegetal de la zona. Obviamente, una simplificación con carácter didáctico como la que se ha hecho, deja fuera un buen número de especies que deseamos citar y, si llega el caso, mencionar alguna peculiaridad de las mismas, así como de su distribución por la Comarca. Como ya hemos visto, los bosques dominantes en la zona son los pinares de Pinus silvestris, que se extienden por doquier propiciados por la acción antrópica y que, a menudo, invaden el piso del melojar. Excelentes pinares cubren las faldas de los Montes Carpetanos y como ejemplo, sólo citaremos unos pocos enclaves: los alrededores del Puerto de Navafría, las faldas de Reajo Capón, Reajo Alto y Bajo, entre otras zonas. Igualmente, en determinados enclaves de las Sierras de la Morcuera los pinares muestran un extraordinario desarrollo así como en el Puerto de Canencia. Dejamos a un lado esta especie que se muestra casi ubiquista y dedicamos por un momento la atención al melojar (Quercus pyrenaica) que muestra sus mejores formaciones en las laderas próximas al Valle del Lozoya, destacando, entre otros, el bosque que se extiende desde Rascafría remontando los tramos basales del Arroyo Aguilón y el Río de la Angostura. Del mismo modo, no merecen quedar en el anonimato el denso robledal próximo a la Majada del Cojo (en los Altos del Hontanar) o aquéllos que cubren grandes extensiones en el Valle de la Puebla de la Sierra y áreas montuosas de La Hiruela, llegando a conservar ejemplares centenarios, verdadero privilegio para la sierra. Los quejigales (Quercus faginea), antano más extendidos, han sufrido una notable regresión quedando manchas forestales muy dispersas de las que destacamos por su buena conservación algunos bosquetes englobados por el Pinar de Casasola en Berzosa del Lozoya, el quejigal mixto del Pico Torrejón en El Atazar y el de las faldas del Pico Chifladero en tierras de Redueña y Torrelaguna. Los alcornocales (Quercus suber) son aún más escasos y, como el quejigal, ocupan cotas inferiores, circunstancia por la cual debemos buscarlos en áreas meridionales de la Comarca. Respecto a esta especie sólo citaremos la presencia de escasos pies de planta que crecen al amparo del encinar mixto con quejigo en las faldas del Pico Dehesa Vieja del municipio de Torrelaguna. Los encinares (Quercus rotundifolia) están muy extendidos por la Comunidad de Madrid, pero no tanto por la Sierra Norte de Madrid pues el accidentado terreno, que en general se eleva por encima de las cotas que indican el máximo altitudinal de esta especie, frena el asentamiento de este vegetal termófilo. Extraordinarios encinares los encontramos en tierras de Torrelaguna o en Manjirón junto al Embalse de El Atazar a la altura del Arroyo de Recombo; en ellos también es posible admirar a la cornicabra (Pistacia terebinthus), arbusto cuyas raíces acostumbran a abrirse camino en los suelos rocosos, aprovechando la debilidad de pequeñas diaclasas. Los hayedos (Fagus sylvatica), o quizá deberíamos decir el hayedo, se localiza en el Monte de El Chaparral sito en el término municipal de Montejo de la Sierra; su singularidad estriba en ser uno de los hayedos más meridionales del mundo, además de estar orientado hacia el sur factor que, a priori, deberia dificultar su supervivencia. Además, la Comunidad de Madrid cuenta con algunos árboles aislados de esta interesante especie, como sucede en el municipio de La Hiruela. De acebedas (llex aquifolium), la más famosa por su buena conservación es la de Robregordo que cuenta además con un cortejo botánico muy interesante. No obstante, el acebo está presente, de forma residual, en muy diversos puntos de la Comarca; como ejemplo citaremos su presencia en el camino del Refugio de la Morcuera a El Paular, en las proximidades del Puerto de Canencia y en las faldas N del Pico Bañaderos (Montejo de la Sierra). Otro árbol interesante es el tejo (Taxus baccata), que no forma bosques en Guadarrama pero que si está presente de forma testimonial en algunas áreas de umbria. El metabolismo de esta conífera sintetiza alcaloides que, por ingestión, provocan una gravísima intoxicación, en la mayoría de los casos, mortal. No obstante es una especie que merece protección ya que en el último siglo se ha rarificado; destacamos los ejemplares que crecen en el Puerto de Canencia. Un bellisimo árbol que está ampliamente distribuido pero que no constituye bosquetes en este área es el arce de Montpellier (Acer monspessulanum) que puede considerarse una especie acompañante en los melojares, quejigales y encinares húmedos. Algo parecido sucede con el enebro (Juniperus oxycedrus) que, normalmente, forma parte del cortejo botánico de los encinares. Perteneciente al mismo género que el enebro está la sabina albar (Juniperus thurifera) que en Madrid forma un aceptable sabinar en el Valle del Lozoya, concretamente en un crestón de naturaleza gneísica, próximo al Embalse de Pinilla, y que está delimitado al S por el Río Lozoya y al NW por el Arroyo del Villar. Como dato anecdótico citaremos que, fuera de este enclave, sólo encontramos en la Comunidad de Madrid un ejemplar que se mantiene en pie en el municipio de Torrelaguna, entre Arrebatacapas y Dehesa Vieja (Izco, 1984). Otra especie de porte arbóreo y arbustivo, muy bien implantada en nuestros bosques, y que ofrece un interesante contrapunto de color en otoño es el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia). Está especialmente presente en melojares o en pinares que han usurpado los dominios de las frondosas. Mención a parte merece la vegetación riparia, constituyendo bosques en galería (bosques de ribera) con una evidente segregación espacial que va en función del gradiente de humedad edáfica y los requerimientos hídricos de las diferentes especies. Las saucedas ya han sido anteriormente citas, por lo que no abundaremos en más comentarios. Conviene apuntar una serie de datos sobre las fresnedas (Fraxinus angustifolia) que ocupan importantes espacios de la Comarca de la Sierra Norte de Madrid. Forman bosques caducifolios de carácter eurosiberiano, en estrecha relación con el melojo. En la actualidad, las fresnedas se han convertido en dehesas para el ganado vacuno con prados graminoides vivaces, situación que aunque las altera, en cierto modo garantiza su conservación debido al rendimiento económico que proporcionan. Magníficas fresnedas las encontramos en el fondo del Valle del Lozoya, en La Cabrera e incluso en la cabecera del Pontón de la Oliva, en las proximidades de la Casa de la Tejera (Patones). Las choperas madrileñas son de dos tipos; por un lado las constituidas por el chopo blanco (Populus alba) y su afín Populus canescens y por otro, el chopo negro (Populus nigra) con sus especies próximas Populus deltoides y Populus italica. Además, la complejidad específica de estos bosques de ribera se incrementa con la aparición de formas híbridas. Son muy frecuentes en los fondos de valle junto a los cursos de agua. Respecto a las olmedas (Ulmus minor) hay que decir que son bosques caducifolios de sotos y riberas, que constituyen transectos muy húmedos en el bosque esclerófilo mediterráneo. En la Comarca de la Sierra Norte están bien representados en el cinturón meridional, concretamente en los municipios de Torrelaguna y Patones. A todas estas formaciones boscosas de fuerte carácter higrófilo y, por tanto, ripario se les unen algunas especies que no llegan a constituir densas formaciones como el arraclán (Rhamnus frangula), el avellano (Corylus avellana), el arce (Acer campestre) y otras ubiquistas y nitrófilas como los juncos (Juncus ssp.), ortigas (Urtica ssp.), rosa silvestre (Rosa canina), zarzamora (Rubus ssp.) y el espino albar (Crotaegus monogyna).

Los abedulares (Betula celtiberica) normalmente ocupan los márgenes de algunas torrenteras, estando en franca regresión ya que se trata de un árbol que necesita para sobrevivir un clima muy frío y húmedo. En la Sierra Norte, estas condiciones sólo se consiguen parcialmente en unos pocos enclaves de la umbría de El Paular, Montejo de la Sierra, La Hiruela y Navafria, siendo los mejores conservados y, por tanto, los más famosos los de Somosierra y Canencia (Izco, 1984; Ferreras 8 Arozena, 1987). Este abedul es una especie próxima al abedul pubescente (Betula pubescens) y al abedul péndulo (Betula pendula), ambas ajenas al centro peninsular, de ahi su importancia en ser conservado pues es uno de los máximos representantes higrófilos de los relieves carpetanos. También citaremos una serie de especies que junto con el piorno (Cytisus purgans) y el jabino (Juniperus nana), son comunes en las áreas montañas y están frecuentemente relacionadas con ambientes rupestres: el té de roca (Jasonia glutinosa), la dedalera (Digitalis purpurea), los helechos de la especie Cryptogramma crispa y la popularmente conocida doradilla (Ceterach officinarum). Los ambientes algo más húmedos pero rocosos, como los márgenes descarnados de los torrentes, son un lugar ideal para el crecimiento de otro helecho: el culantrillo menor (Asplenium trichomanes). Respecto a la dedalera, conviene decir que es fácilmente reconocible por sus delicadas y pendulantes flores lilas con forma de dedal; se trata de un vegetal muy tóxico si se ingiere, llegando a ser mortal, ya que cuenta con principios activos que actúan directamente sobre el aparato cardiovascular, acelerando el latido cardíaco. El azafrán silvestre (Crocus ssp.), florece en otoño en los pastizales salpicando, de este modo, con tonos malvas la cubierta cespitosa. A finales del verano otra especie muy frecuente gana en vistosidad con su prolífica floración: la hierba de Santiago (Senecio jacobaea y otras especies próximas Senecio ssp.). Tiñe, por doquier, de amarillo prados, cunetas de caminos, cortafuegos, etc; dado su carácter euritópico la podemos encontrar en puntos elevados de la Sierra y también en fondos de valle. Mucho más escasa y localizada es la genciana (Gentiana lutea) que es fácil de distinguir cuando desarrolla tallos erectos de hasta 1,50 m que sustentan flores de color amarillo anaranjado, disponiéndose de forma similar a los pisos de una tarta nupcial; la raiz se ha consumido tradicionalmente, en forma de tisana, por sus propiedades medicinales circunstancia que, sumado a su rareza, ha conseguido que muchas Comunidades Autónomas la considerasen una especie protegida. Buenos gencianares los encontramos en la falda S de los picos Reajo Alto y Reajo Bajo. A las comunidades de plantas espinosas que constituyen setos y que anteriormente se han citado, también como integrantes de los bosques de ribera, hay que añadir el endrino (Prunus spinosa) que encuentra su óptimo en cotas bajas, sobre suelos húmedos y colonizando con frecuencia pequeñas vaguadas junto a los gamones (Asphodelus sp.). Muchos son los lugares en donde crece esta lacerante especie, pero sólo citaremos alguno de ellos: la periferia del Embalse de Pinilla, en los setos de las huertas de Navarredonda o en el alto de La Cabeza en el municipio de La Cabrera. Los jarales pringosos no muestran un elenco botánico excesivamente diverso, dando paso de forma ocasional al torvisco (Daphne gnidium) y el cantueso (Lavandula pedunculata), éste último presente junto con el tomillo (Thymus ssp.) en el sotobosque del encinar y melojar y en sus etapas de degradación. En cotas ligeramente superiores y también ligado al melojar, crece de forma abundante la manzanilla, buscando espacios soleados como claros o cunetas de caminos. Muchas de las especies citadas con anterioridad son nitrófilas y, a menudo, pueden también calificarse como ruderales pero, quizá un buen ejemplo de ambas cosas es el gordolobo (Verbascum ssp.). Esta planta es fácilmente identificable por la inflorescencia amarilla y erecta, y las hojas grandes, espesas y sedosas, constituyendo una roseta basal. Es muy común en los bordes de camino, ha sido utilizado en comunidades rurales por sus propiedades medicinales. Conviene resaltar la extraordinaria importancia que tiene el helecho común (Pteridium aquilinum) en la formación del sotobosque de los pinares y melojares de nuestras sierras. Estos vegetales crecen al amparo de la penumbra de estos bosques siendo un segundo filtro solar para los organismos del suelo, de ahí su importancia en los ecosistemas nemorales. Por último, para concluir este apartado, hay que hacer referencia a algunos vegetales que están íntimamente relacionados con la actividad agrícola y económica de los municipios. En especial aquéllas especies de porte arbóreo que forman parte del cinturón de huertas del núcleo rural. Destacan por su reiterada presencia los manzanos (IHalus domestica), nogales (Juglans regia), cerezos (Prunus sp.) y castaños (Castanea sativa). En áreas más septentrionales como El Atazar, Torrelaguna, etc, también encontramos higueras (Ficus carica), olivos (Olea europaea) y almendros (Prunus dulcis). Otros árboles introducidos por el hombre y que hoy en día crecen en las cunetas de las carreteras y caminos son el ailanto (Ailanthus altissima) y la acacia del Japón (Sophora japonica).

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