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Los hongos son interesantes seres que constituyen por sí solos un Reino aparte.

Aunque su estructura celular se asemeja a la de las plantas, carecen del pigmento verde de los vegetales (clorofila) no pudiendo sintetizar su propio alimento.nícalos

Por tanto, los hongos están obligados a alimentarse como los animales, a partir de materia orgánica. En este caso lo hacen sobre restos en descomposición, humus, madera, cadáveres, excrementos, etc. A la vez necesitan gran humedad sin estar expuestos a fuertes heladas.

Estas características convierten a los bosques pradeneros, en importantes ecosistemas en donde crecen, fundamentalmente en otoño, un elevado número de setas que muestran gran diversidad especifica. En los pinares montanos (Pinus sylvestris) podemos encontrar el níscalo (Lactarius deliciosus), seta comestible y de gran implantación en la zona. Esta especie se torna más frecuente en los pinares que crecen en cotas inferiores, próximas a los fondos de valle; también se la encuentra en bosques de pino negral (Pinus pinaster). De igual modo, aparece en los pinares el boleto comestible (Boletus edulis), muy buscado por los aficionados ya que, en cocina, muestra extraordinarias propiedades.

Otro boleto muy común es el pie rojo (Boletus erythropus), aunque éste no es comestible como también sucede con otras muchas especies del pinar. Igualmente, destacan por su frecuente aparición la Cystoderma omianthinum, la micena de los helechos (Mycena epipterygio), diversas especies del género Russula y, la ubiquista, falsa oronja (Amanita muscaria). En el encinar destacan la peligrosísima oronja verde (Amanita phalloides) cuya ingestión resulta letal, el boleto pulverulento (Boletus pulverulentus) y el Lactarius fulvissimus. Como sucedía en el pinar, en otoño destaca el vistoso sombrerillo rojo de la falsa oronja. Una deliciosa y espectacular seta es el comestible parasol (Macrolepiota mastoidea); sus grandes dimensiones facilitan su distinción respecto a las especies del género Lepiota.

Por último, en los prados de las zonas bajas, junto a los encinares, es posible hallar la famosa seta de cardo (Pleurotus eryngii), presente en la gastronomía popular.

En el melojar se encuentran, al igual que en los pinares, varias especies del género Russula. También crecen con profusión especies de Coprinus y, más esporádica, la Amanita caesarea que es comestible pero muy fácil de confundir con otras setas venenosas.

La Amanita citrina con su pariente la falsa oronja también se muestran frecuentes en otoño; ambas son tóxicas. En los bosques de ribera crecen muchos hongos de los que destacamos sólo dos comestibles: la seta de chopo (Pholiota aegerita) y las muy apreciadas colmenillas (Morchela sp.).

Finalmente, citar la riqueza micológica de los suelos de los hayedos, donde destacan la siguientes especies: Lepiota acustesquamosa, Tricholoma sulphureum, lactario mucoso (Lactarius blennius) y pie azul (Lepista nuda). Sobre las ramas musgosas crece la mucidula viscosa (Oudemansiella mucida) y en los tocones o madera semienterrada la Collybia radicata. Antes de finalizar este breve capítulo queremos recordar que todos los años se producen fallecimientos por ingestión de hongos venenosos que se habían confundido con otras especies comestibles.

No está de más, hacer la consabida recomendación de no aventurarse a degustar ninguna seta, si realmente no contamos con el asesoramiento de un verdadero experto. Aquí los errores se pagan muy caros.


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