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El primer texto está escrito en forma interrogativa y en segunda persona. Nietzsche plantea la doble respuesta que el lector podría dar ante la presentación instantánea de la figura[2] del eterno retorno. En la respuesta se verá si la idea de volver a vivir la misma vida infinitas veces es una condena o una dádiva, valorándose así la vida como buena o mala en función de la respuesta dada, pero la respuesta no está en función de la felicidad, del bien ejercido o del deber cumplido, sino en la vivencia de un instante enorme en el que se funda la ética de Nietzsche . La diferencia entre una vida auténtica y una vida inauténtica la plantea Nietzsche en términos de vivencia o de conocimiento[3] del Instante, no -como viene interpretándose- como una vida dominadora y plena, en el sentido más hedonista del término. No como un vivir des-pre-ocupado en el que el hombre se ocupa de su vida con la moral de los señores, sino en un simple instante. Un instante es un momento del tiempo que no se puede inscribir dentro del tiempo lineal. Si así fuese no tendría ningún valor ontológico, pues desaparecería en el mismo momento en el que sucede. El problema se plantea desde una teoría del conocimiento que parte de la negación de la razón como dadora de sentido. Antes de Nietzsche el filósofo ponía en la realidad sus normas, daba reglas a la naturaleza para determinar cómo era el mundo y esas reglas y toda la forma de aparecerse el mundo a la razón occidental es para Nietzsche la mentira[4]. En estos términos se plantea el problema del tiempo: no tenemos conciencia de la existencia de un tiempo lineal más que como agregado a la propia percepción del tiempo como linealidad, pero el tiempo (el verdadero) es algo que no se adecúa a la mente humana, pues en realidad no es un tiempo lineal sino que todo sucede al mismo tiempo[5]. Entonces, todo sucede al mismo tiempo y todo está sucediendo siempre, no hay presente, ni pasado ni futuro, ni siquiera un presente continuo o una repetición infinita, sino que no hay tiempo tal y como lo captamos. El hecho de que todos entendamos que el tiempo tiene una dirección está pues fundado en la mente y por lo tanto no tiene una base verdadera y no es más que una de las mentiras con las que el hombre vive extramoralmente. La mentira es, pues, para Nietzsche la fundamentadora de la realidad, el hombre inventa las categorías porque le sirven a su vida, a su desarrollo, y a partir de ahí crecen las llamadas verdades científicas que no son otra cosa que mentiras, metáforas y fantasmas de la imaginación de un animal débil que tiene que inventar un mundo para sobrevivir frente al resto de los animales. La revelación[6] del eterno retorno (vista desde esta óptica) viene a decir esto: si todo se repite infinitas veces todo sucede infinitas veces, todo sucede al mismo tiempo; porque si el tiempo tuviese una linealidad, pasado presente y futuro, de acuerdo con las leyes físicas nunca podría volver lo que ha pasado y quedaría entonces perdido en la nada el momento presente y todos los demás momentos. El mundo sería entonces nada, porque nada permanecería. La vida sería como una estrella fugaz, un aparecer y desaparecer de la conciencia en la nada. De esta etapa nihilista se ha de pasar irremisiblemente a la fundamentación de algo que salve al hombre en general y al hombre en particular de la perdición, y ese algo, para Nietzsche , no puede nacer del más allá, de la transcendentalidad[7], tiene que -en definitiva- estar en el mundo y haber sido conocido por experiencia directa. Ese algo es el instante en el que se conoce el mundo verdadero, en el que se produce lo que llamaría Heidegger el desvelamiento del ser. Él mismo cuenta como llegó al descubrimiento del instante[8] en el mes de agosto de 1881, en Sils María, donde de forma instantánea captó la realidad del tiempo. No estaba pensando sobre ello y tras largas deducciones llegó a la conclusión, sino que en un instante descubrió toda una teoría, de forma parecida a cómo Mozart creaba toda una composición musical de dos horas de duración en un instante:
Pero Nietzsche piensa esto en relación a la teoría de Wagner sobre la magia del arte, es decir, sobre la visión del arte como la llave de la existencia verdadera, como aperturadora de verdad tal como Heidegger[11] lo entendía: como dadora de sentido. El arte (y algunas experiencias más, de las que hablaremos) nos hacen ver verdaderas realidades que en el transcurso normal de la vida no se dan, por eso en el texto no dice Nietzsche «¿O acaso has vivido una vida buena para responder:...?», sino «¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente:?», haciendo referencia a que en el instante en el que se descubre el ser la vida comienza a tener sentido. El instante produce un elevarse momentáneo sobre el mundo de las apariencias (a 6.000 pies). El instante es el lugar supremo en el que el hombre conoce la verdad. Por esto es por lo que el eterno retorno es fundador de verdad y por esto también principio selectivo: el hombre que puede soportar la teoría del eterno retorno es sólo aquél que la vida le ha dado la posibilidad de conocer este instante. Sólo así se divide a la humanidad con criterios biológicos o por mero azar (con todo lo que conlleva el azar en Nietzsche ) entre lo superior y lo inferior. Quien supera el nihilismo negativo a partir de un instante es el mismo que logra aceptar el eterno retorno como una dádiva y el mismo que logra aceptar la muerte de Dios, pues las tres experiencias son fruto de una misma autonomía del hombre frente al sentido, al tiempo y a Dios. El Instante es el motor de la acción, aunque Vattimo y en general todos los intérpretes de Nietzsche hablen del eterno retorno o de la voluntad de poder como únicos motores de acción pienso yo que sin el conocimiento del instante eterno, infinito, dador de sentido, de conocimiento, etc., no se puede entender para nada el eterno retorno, o de entenderse sería la comprensión del enano que acompaña a Zaratustra: el pasado y el futuro se funden en un círculo[12], a lo que Nietzsche (o Zaratustra) responde: No tomes las cosas tan a la ligera![13]. El eterno retorno tiene valor como afirmación de esos instantes enormes (ungeheuren Augenblick) que nos hacen ver la vida de otra manera. El descubrimiento del instante es tan grande en Nietzsche que lo coloca en el nivel de criterio selectivo de la humanidad. Quien haya vivido un instante de estos, dice, ama la vida y desea volver a pasar por ese punto magnífico de la existencia; quien no lleva una vida vulgar y sólo pensar en volver a vivirla debe hacernos temblar. En Humano, demasiado humano tenemos el testimonio en el que Nietzsche afirma haber descubierto este tipo de momentos:
Aquí ya se expresa Nietzsche , al igual que en el texto propuesto, como si el instante, o la vivencia de éste, fuesen el criterio selector de quienes, por seguir su metáfora, son silencios o notas en la sinfonía de la vida. Además, he rescatado este fragmento porque veo en él que se relacionan amor, naturaleza y arte con el instante, como en la mayoría de los autores que he podido comprobar que han conocido el instante[15], pero con una diferencia con Nietzsche : el instante este se relaciona la mayoría de las veces con lo transcendente, se habla incluso de instante místico de unión con Dios[16], o -en la literatura budista, unión con el todo[17]. Evidentemente Nietzsche no iba a relacionar su instante artístico, creador, de amor o estético con el supuesto instante místico, pues el mundo de Nietzsche está cerrado de antemano a toda transcendencia. Es más, Vattimo afirma que solamente si el instante en que el hombre vive es inmenso, es decir, abarca todo su significado, sin ninguna referencia transcendente, sólo con esta condición es posible generarlo de nuevo [18]. El problema está en interpretar el término transcendente. No es posible imaginar dos mundos, a la manera Kantiana en Nietzsche , pero sí la negación del mundo fenoménico en favor del mundo real[19], que, a la larga, es una forma de transcender. En estos términos mucho me temo que el instante enorme sea transcendente, es decir, que existe de fondo una raíz transcendental: si el instante supera a todo hombre que lo vive y le hace cambiar el rumbo de su vida, o para Nietzsche le hace pertenecer a aquellos que aman la vida y que pueden soportar el eterno retorno, entonces ese instante no está en el hombre que lo vive, o al menos su fuerza no le viene de él mismo. Es más, el instante es puerta hacia la transcendentalidad, puerta que no se abre habitualmente, inmersos en el mundo de lo fenoménico, sino que en ciertas etapas de la vida, en momentos cruciales (o que lo empiezan a ser) aparecen como caídos del cielo. Como si viniesen del más allá del que Nietzsche renegaba. Pero lo que dice el texto es que estos instantes se dan sólo en unos pocos hombres[20], son formas elevadas de captar la realidad, Heidegger también separaba la capacidad estética instantánea de captar las realidades artísticas como un privilegio de unos pocos, Unamuno dejaba bien claro que él no era el que decidía en los momentos claves, que era una fuerza que le superaba: una y otra vez -escribe Unamuno- heme encontrado sobre encrucijadas en que se abría un haz de senderos (...) y una y otra vez en tales únicos momentos he sentido el empuje de una fuerza consciente, soberana y amorosa...[21]. Tenemos pues que el eterno retorno es captado por Nietzsche en un instante enorme que mucho se parece a los instantes en los que el místico indio capta la totalidad o en los que el místico occidental se une a Dios, o en los que el artista descubre la figura de realidad que la obra trae, o el amor, o la naturaleza, o cualquier ámbito de realidad. Nietzsche capta la realidad, y -a la vez- que en esos instantes Nietzsche encuentra un sentido a la vida. No es que si la vida nos da sus buenos frutos encontremos en el eterno retorno de ellos la felicidad eterna, no, esto sería extremadamente simple y, además, no sería felicidad, ni mucho menos: todo lo que ocurre en el tiempo queda perdido irremisiblemente, sólo los segundos en los que el hombre sale de sí para rozar el todo, el ser, son considerados en la decisión sobre el valor de la vida. En definitiva, en el texto propuesto se muestran dos cosas, la importancia ética del instante en la valoración de la vida, por un lado y, por otro, la relación entre el instante y la teoría del eterno retorno. La primera vendría a dividir a la humanidad en dos grandes grupos, a saber, aquellos dotados de temperamento artístico (entendido lo artístico como el ámbito de remisión al pluchrum[22]) y los que carecen de él y por tanto nunca han tenido una experiencia cuasimística. Y como segunda idea, la relación entre estos momentos únicos y el eterno retorno, que lleva a engrandecer tanto la vivencia de estos instantes que los coloca como fundamentadores de una existencia buena, tan buena que al sujeto que los ha vivido no le importaría repetir la vida infinitas veces. Todo esto, desde el eterno retorno a la apertura del ser por medio del instante, viene dado por la imposibilidad que tenía el hombre, antes del eterno retorno, de volver sobre sus acciones. La fijación del hombre en el decurso de su vida es un problema al que Nietzsche le dedicó mucho tiempo, porque de él nace casi toda la justicia occidental. La idea de no poder dar marcha atrás implica la aceptación del castigo como medio de remisión de culpa, cosa que a Nietzsche se le antojaba extraña a la naturaleza del hombre, que para él es vida, simplemente vida. El límite de la voluntad de poder, de la voluntad, estaba, antes del eterno retorno, en el tiempo, ahora sin embargo se sale del tiempo en su fundamentación y en su esquema, pues por el instante (y no por la vida) se descubre el mundo y por él y para él se vive. Y el instante es también fuerza que lleva a obrar, es instante ético en el que el hombre conoce la verdad y actúa en consecuencia, es virtud, en el sentido maquiavélico del término[23]. |
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[1] El texto alemán (Werke: Die fröhliche Wissenschaft vol. 4. p. 570) dice: Oder hast du einmal einen ungeheuren Augenblick erlebt, wo du ihm antworten würdest:.... No está clara la frase. Yo lo interpreto como si Nietzsche quisieses decir O bien, si hubieses experimentado un instante infinito o grandioso (ungeheuren Augenblick) entonces (wo=donde) podrías contestar.... Ni momento, en el sentido en que Vattimo lo entiende como momento presente ni momento en el tiempo pasado, como si quisiese decir que en un instante pasado hubieses respondido lo que sigue. Se trata, a mi juicio de un instante fuera del tiempo, del que hablaré en el comentario.
[2] En el instante sólo se captan figuras, no realidades Ernst Jünger en El trabajador nos habla del significado de la figura. La figura es una realidad suprema y otorgadora de sentido (...) la figura es un todo que abarca más de la suma de sus partes (p. 276). La figura además no es expresable con palabras: en La emboscadura, p. 95, se refiere a la actitud ante los conceptos de aquellos que han conocido a través de iluminaciones instantáneas: todo aquél que alguna vez ha tenido un contacto con el ser ha rebasado con ello las lindes dentro de las cuales continúan poseyendo importancia las palabras, los conceptos, las escuelas y las confesiones. O al final del libro, p. 170, cuando afirma que si se logra un contacto auténtico con el ser en un punto, eso tiene siempre efectos inmensos (el subrayado de ese un no es mío).
[3] En sentido bíblico.
[4]Vid. Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral.
[5] Vattimo, G.,Introducción a Nietzsche , p. 104.
[6] Pues no es teoría sino revelación, como la muerte de Dios, o el advenimiento del superhombre.
[7] Transcendental en sentido Kantiano, como traspaso de los límites de la experiencia. Pero los límites de la experiencia no tienen porqué ser los límites de lo fenoménico, hay otras realidades que se captan igualmente por experiencia (¿cómo puede sino captarse algo?) y, sin embargo no pueden medirse, v.g., los ámbitos de realidad, lo captado en la experiencia mística, etc.
[8] Inmortal es el momento en el que he generado el eterno retorno. por este instante yo soporto la repetición (Werke, Musanon Ausgabe, Munich, 1920-29, 23 vol., v. XIV, p. 132), en Vattimo, G. El sujeto y la máscara, p. 149.
9] Es significativo este subrayado (mío): a 6.000 pies por encima del hombre y del tiempo. Sólo cabe interpretarlo como un transcendente: fuera de la realidad y condición para captar esta, que ya no es la realidad vivida sino la realidad del ser visto a través de un instante. Nótese que Nietzsche se preocupa por indicar el lugar y el tiempo exactos en los que le sucedió esto que relata y, sin embargo, sucede fuera del tiempo y del hombre (es decir, de la conciencia)
[10]<ecce Homo, p. 125. Compárese con el texto de Unamuno de la página 8 de este trabajo.
[11] Caminos del bosque , pp. 26 y ss. Más especialmente en la p. 66 analiza Heidegger el arte como inicio en la lucha, inicio de nuevas figuras en el sentido antes dicho. Cuando del instante de conocimiento o de desvelación del ser aparece el motor para una nueva concepción del mundo.
[12] Así habló Zaratustra, p. 149.
[13] Idem.
[14] § 586. (Subrayo yo).
[15] Por ejemplo Ernst Jünger en toda su obra habla de estos instantes eternos, en Sobre la línea (trabajo dedicado a Heidegger), p. 103, , apunta que la donación y la retirada del ser no se dejan representar, como si sólo afectaran de vez en cuando y de manera instantánea a los hombres (el subrayado, mío).
[16] Quedeme y olvideme... San Juan de la Cruz, Poesía completa, p. 135.
[17] Está claro que Nietzsche , quizá a través de Schopenhauer, tuvo contactos con la filosofía oriental. Basta ver sólo algunas sentencias del Lao Tse (libro que recoge las enseñanzas del filósofo) como el que ignora la distinción entre la vida y la muerte no tiene término (cap. 2.), o la búsqueda de la verdad como una excursión al infinito (cap. 1.). (en Fung Yu-Lan, Breve historia de la filosofía china, pp. 329 y ss.). Está claro que entre los caminos de la no racionalidad hay siempre puntos de contacto y que uno de esos puntos de contacto son las realidades captadas de forma instantánea, ver, por ejemplo, sobre las conexiones entre la mística y los presocráticos (y Sócrates también) el libro de J. Maritain Filosofía Moral, pp. 19-22. También sobre orígenes los orígenes chinos de la filosofía no racionalista.
[18] El sujeto y la máscara, p. 186.
[19] Vid. n. 14.
[20] En Humano, demasiado humano observa Nietzsche su criterio elitista de captación de la verdadera realidad: style='font-size:11.0pt;font-family: Arial; . Lo que puede ser común tiene muy poco valor (§ 43).
[21] Del sentimiento trágico de la vida..., p. 189. (El subrayado, mío).
[22] Zubiri, X.Reflexiones filosóficas sobre lo estético en Sobre el sentimiento y la voluntad.
[23] Virtud como fuerza que hace a los hombres moverse en un momento dado de forma significativa, es decir, de forma antinatural, rompiendo la acción lógica. Esto es lo que indica Maquiavelo con las siguientes palabras: la comparo con uno de esos ríos fatales que, cuando se embravecen, inundan las llanuras, derriban árboles y edificios, quitan terreno a un paraje y lo llevan a otro: todos huyen en cuanto lo ven, todos ceden a su ímpetu sin poder resistirse. (El príncipe, p. 86). |
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