INTRODUCCIÓN
El
nombre de Alameda del Valle proviene de la unión de un fitónimo y un orónimo,
el primero se refiere a los numerosos chopos que crecen en el término
formando una gran alameda y sobre todo a la vera del ría Saúca, el segundo
al valle formado por el río Lozoya. Son topónimos castellanos de la repoblación
Segoviana. Alameda es vocablo árabe castellanizado de al-hameda de los
orígenes a la edad media.
Alameda
del Valle se encuentra a 1.140 metros de altura sobre el nivel del mar.
situado en el Alto Valle del Lozoya, al norte del municipio nos encontramos
con los Montes Carpetanos.
Desde
las eras de Alameda tenemos una vista magnífica de Peñalara de 2.428 metros.
Lugar donde encontraremos el circo de origen glaciar y sus lagunas en
la cumbre, que forman el Parque Natural de Guadarrama. De esta laguna
de Peñalara parte una de las fuentes que luego se convertirá en el río
Lozoya que atraviesa todo el Valle pasando por el sur del pueblo.
En
1847 hay 242 habitantes llegando a ser 408 en 1900 y en la actualidad
214. Varios documentos del siglo XVIII hacen alusión a la calidad del
medio físico, de sus aires sanos, de sus abundantes y claras que favorecen
una flora muy diversificada con infinidad de yerbas extrañas de las cuales
muchas son medicinales.
Históricamente
vinculada a Segovia, a cuya Comunidad y Tierra pertenecía; sólo hasta
la reforma administrativa de Javier de Burgos, en 1883, para pasar a formar
parte de la provincia de Madrid.
Éste
fue territorio de múltiples conflictos, por el dominio de la vertiente
sur de la Sierra del Guadarrama, repoblada por segovianos agricultores,
cuya dinámica era completamente diferente a los ganaderos de Madrid. Posteriormente
esta zona fue supeditada a las necesidades externas de abastecimiento
de agua a Madrid capital con la construcción del embalse de Pinilla.
La
estructura del hábitat rural estaba en función del sistema de producción
tradicional, es decir, de la explotación ganadera como base y la agricultura
de apoyo. Este hecho configura y da sentido al territorio.
Alameda
del Valle tiene un patrimonio histórico singular, no tanto por grandes
monumentos, sino por los elementos rurales significativos por la tradición
ganadera del municipio. Tradiciones que conserva en la actualidad. Así
la configuración urbana se dibuja casa, pajar, cuadra y huerta en una
convivencia de elementos de uso agropecuario. Las cercas de piedra de
las huertas que delimitan las distintas calles y callejas, que junto con
el arbolado continúan siendo los elementos característicos del paisaje
local.
La
primera referencia gráfica del núcleo urbano la encontramos en 1879, en
un trabajo elaborado por el Instituto Geográfico y Estadístico. Se trata
de un plano manuscrito de esa escala 1:1000, que presenta una trama urbana
de estructura irregular en la que alternan la edificación y las grandes
huertas cercadas, las huertas delimitan estrechos callejones que se ensanchan
en las confluencias dando lugar a pequeñas plazuelas desiguales.
DE
LOS ORÍGENES A LA EDAD MEDIA
De
la Edad Media existen varios escritos donde se menciona al municipio;
Alfonso X el Sabio, Siglo XIII, en carta de 1273 concedió exenciones tributarias
a los que "moran o moraren" en las alberguerías
del puerto de Malagosto. El Libro de la Montería de Alfonso XI
nombra
también el puerto. Señal de la vía de comunicación con Segovia. También
nos señala que:
"ai
osos e puercos" para cazar.
El
Arcipreste de Hita en su Libro del Buen Amor, en Las Serranillas
del Marqués de Santillana nos
cita el puerto de Malagosto al relatarnos el encuentro con la serrana
y sus andanzas por la Sierra de Guadarrama. Estas citas dan muestras de
la importancia de este puerto en el tránsito entre Madrid y Segovia, posteriormente
ya no encontramos relatos que se refieran a esta vía. Después, Madoz,
en 1848, lo cita como puerto de comunicación del valle del Lozoya con
la ciudad de Segovia.
De
estos textos se puede deducir como se vivía en esta serranía en la Edad
Media, como era utilizado por parte de la nobleza como sitio de caza por
su abundancia de osos y jabalíes, como era tránsito habitual por el paso
de Malagosto de personas y ganado, y como el fondo del valle era transformado
por el pastoreo y el laboreo agrícola de los pequeños núcleos de población
cercano al río.
Las
ordenanzas de Segovia de 1302 encaminan a poblar desde la Sierra de Guadarrama
hasta los campos del Jarama, hablan de "Vall de Lozoya" y lo
dividen en cuatro cuadrillas: Rascafría, Oteruelo, Alameda y Pinilla,
obligando a caballeros, dueños, escuderos y doncellas a que adquiriesen
sus tierras o "quiñones", a fabricar una casa y tener caballo
propio.
Según
Lecea, los caudillos segovianos D. Díaz Sanz y Fernando García de Carrión,
crearon una milicia de cien caballeros, "Los Quiñones", para
defender a Segovia de las incursiones de los musulmanes refugiados en
el Valle del Lozoya, donde se habían hecho fuertes gracias a sus condiciones
agrestes y de aislamiento.
Estas
milicias, que originan los pueblos y son propietarios de la comarca, dándole
incluso el nombre de "Quiñones" a sus tierras, venden sus propiedades
a la "ciudad y tierra de Segovia" en 1442 a cambio de 24.000
maravedíes anuales.
Alameda
del Valle estaba integrada en el Sexmo de Lozoya. Término utilizado para
denominar una agrupación de pueblos. Siendo el Sexmo de Lozoya uno de
los diez sexmos que constituyen la Comunidad de la Ciudad y Tierra de
Segovia, formada por cerca de doscientos pueblos. Esta organización sociopolítica
y económica "tuvo por objeto el disfrute y aprovechamiento en común
de los vastísimos territorios reconocidos y confirmados por los monarcas
castellanos a los valerosos hijos de esta comarca, segovianos todos, como
recompensa debida a sus procesos innumerables en la titánica lucha por
la Reconquista".
La
Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia pertenece a una Castilla que nunca
aceptó el Fuero Juzgo de León, se gobernaba por concejos democráticos,
organizados en una federación de comunidades autónomas unidas por un jefe
común, que administraba los bosques, pastos, aguas y minas comunes. Sus
competencias llegaban a donar tierras de cultivo a los pobladores más
pobre, ordenaba el aprovechamiento de los bosques y de los pastos e impartía
justicia y daba protección a los núcleos de población contra el abuso
de los poderes fácticos. Sus características principales según González
Herrero eran "fidelidad y sumisión directa al Rey, con exclusión
del señor feudal, fraternidad e igualdad entre las aldeas, mancomunidad
de intereses y unidad de fuero por propia y exclusiva organización económica,
administrativa jurídica y militar y aún política y social constituyendo
una verdadera provincia".
Poco
a poco y debido a la política centralizadora de los monarcas españoles
estas funciones políticas se fueron perdiendo, hasta llegar a la desamortización
que anuló la propiedad comunal, principio fundamental de la Comunidad
de Ciudad y Tierra de Segovia.·
SIGLOS
XVI, XVII y XVIII
El
Marqués de la Ensenada en
1750 mandó hacer el primer catastro conocido, documento que describe de
forma general la realidad socioeconómica de Alameda del Valle.
"Ai
ciento siete casas, inclusas las del Concejo y cuatro arruinadas"
Este
documento describe un pueblo sin edificaciones fuera del núcleo urbano,
donde residen 82 vecinos. Las actividades básicas de la economía serrana
condicionan fuertemente su imagen. Las viviendas se distribuyen de forma
aleatoria y mezcladas con edificaciones auxiliares, intercalándose corrales
y huertas sin ninguna jerarquización. El material de construcción es la
piedra berroqueña, utilizada para cercar huertas y prados.
En
el año 1786, el censo de Floridablanca nos revela una población activa
y próspera, con 342 habitantes, y una pirámide de edad bastante joven:
sólo 40 personas sobrepasan los cincuenta años. Su distribución por oficios
es de 82 labradores, 3 jornaleros, 4 artesanos, 8 criados, un cura y un
sacristán.
La
Iglesia parroquial de Santa Marina Virgen y Mártir, construida en el siglo
XVI, tiene soluciones góticas y renacentistas. En el siglo XVIII sufre
varias ampliaciones y modificaciones.
En
cuanto a las tierras de propios ocupan éstas más de los dos tercios del
total del municipio. Una gran parte dedicada a pastos y prados. La base
de la economía es la ganadería. En esta época el ganado lanar es el que
produce mayores beneficios, tanto por el número de cabezas que poseen,
como por los peajes de los rebaños trashumantes. La lana llega a ser una
de las primeras industrias, exportándose después de las primeras transformaciones.
Durante el siglo XVIII más de 700 toneladas de lana de los Palacios Reales
de Madrid y más de la mitad del carbón se obtenían de la Sierra de Guadarrama.
Con la decadencia de la Mesta, viene la de la trashumancia, y aunque quedan
rebaños estantes, la ganadería vacuna empieza a adquirir mayor importancia,
constituyendo el elemento característico del paisaje.
La
explotación de los productos forestales se hace periódicamente, así
"Las
matas de rebollo son bienes de propios..."
El
Ayuntamiento las otorgaba anualmente por subasta.
En
esta época existían doce eras y dos molinos harineros para la molienda
de los distintos cereales; tanto éstos, como los productos de los huertos
o los diversos frutales, se cosechaban para el consumo propio. No ocurría
así con el lino, que se manufacturaba íntegramente consiguiéndose un producto
de buena calidad que se exportaba. El lino constituía la industria más
importante durante el siglo XVIII, contando con dos pozas y cinco tejedores.
Existían también dos herreros, dos zapateros y dos papeleros.
En
época de Felipe II, siendo ya Villa, Alameda pertenece a don Francisco
de Zapata de Cisneros, mayordomo de Felipe II. Luego es el conde de barajas
quien hereda su mayorazgo.
Cerca
de la ermita de Santa Ana, las canteras de caliza cretácica proporcionaban
piezas de sillería de buena labra muy aceptables para la construcción.
Varios
documentos del siglo XVIII nos hablan de la calidad del medio físico,
de sus aires sanos y sus abundantes y claras aguas que favorecen una flora
muy diversificada
"con
infinidad de yerbas extrañas de las cuales muchas son medicinales y las
recogen los boticarios"
En
las Descripciones del Cardenal Lorenzana, 1782, se menciona un puente
de madera para cruzar el Lozoya, también se hace referencia a la existencia
de una casa hospital donde se recogían los mendigos trashumantes; hoy
ninguno de los dos existen. Se citan dos ermitas, sólo una de ellas en
pie actualmente, siendo ésta la ermita de Santa Ana situada a un kilómetro
y medio del casco urbano. Se llega a ella a través del camino que discurre
a lo largo del río Santa Ana. Desde la dehesa que atraviesa el camino
las vistas al macizo de Peñalara son excepcionales.
La
estructura de la ermita de Santa Ana es sencilla, de planta rectangular
y cubierta de dos aguas. Está construida en piedra sin enfoscar, con cadena
de sillares en las esquinas. Al exterior en la parte de la cabecera tiene
adosado un bside, resto de una antigua ermita que actualmente está convertida
en vivienda de santero. La portada es de arco de medio punto, formado
por dovelas de caliza. El único detalle decorativo lo compone una cornisa
de ladrillo que remata el alero.
LEYENDA
SOBRE LA VIRGEN SANTA ANA
Cuenta
la tradición que allá por el siglo XIV la Virgen se le apareció a un pastor
de Oteruelo en el peñón situado en medio del río de Santa Ana, que baja
desde la Morcuera hasta el río Lozoya. Este
se lo llevó a su pueblo, allí se construyó una ermita para alojar la imagen.
Pero he aquí que transcurridos unos días, la imagen desapareció y se dejó
ver de nuevo en el mismo peñón. Intentó el ovejero llevárselo otra vez,
pero esta vez la imagen era tan pesada que no había manera de moverla.
Si con la fuerza humana no pudo, pensó que lo mismo con carro y animal
podría moverla. Limpio un carro y trajo un buey, pero ni con la fuerza
de rueda, yunta y animal pudo moverla en la dirección que pretendía, sin
embargo cuando cambiaba la dirección hacia Alameda no había problemas
para moverla. La imagen quería quedarse en Alameda, así lo vieron y en
consonancia actuaron erigiendo lo que hoy se conoce como la ermita de
Santa Ana.
Se
le erigió la ermita en el monte. Cerca del lugar pasaba un cordel de la
mesta, Según los escritos antiguos, en el término se han encontrado tumbas
con tierra negra dentro y cañas (huesos) muy largas y, en algunas, también
alcuzas y otras cerámicas. Se trata de un cementerio rabe, según se constató
en unas excavaciones practicadas en terreno cercano al Santuario de Santa
Ana.
A
principios de siglo, el día de la romería dedicada a la patrona, subían
las familias a la ermita con carros adornados de arcos floridos, tirados
por yuntas cuyas vacas lucían brillantes sus jaeces. Tras la imagen caminaban
penitentes, casi siempre mujeres, que descalzas e incluso portando cadenas
cumplían así sus promesas. Los exvotos -brazos, piernas, cabellos - se
colocaban en las paredes del santuario, donde pendieron de aquellos muros
hasta principio de siglo.
Finalizada
la guerra civil, la Virgen estuvo ausente de su ermita durante varios
años. Cuando se la volvió a recupera, los alamedanos, para evitar una
nueva desaparición, guardaron a Santa Ana en la parroquia, instalada en
una capilla a ella dedicada, y sólo el 26 de julio, día de su romería,
es subida al santuario por mujeres del pueblo que se turnan para llevar
las andas. Una vez allí, la alegría de la fiesta rebosa por doquier.
Cerca
del aprisco,
solo,entre retamas,
junto a los canchales
de la barrancada,
con sus dos mastines
del rebaño en guarda,
un pastor cabrero dolorido canta:
Cabrerizo de Alameda,
Hoy se pondrá tu zagala
Su pañolico de seda.
De
Pueblos con Leyenda en la Comunidad de Madrid. Amalia Fernández
(2000), Comunidad de Madrid. Consejería de Justicia, Función Pública y
Administración Local.
Actualmente
existe una Hermandad cuyos miembros, son los encargados de cuidar la Ermita.
Imagen de Santa Ana de corte románico.
SIGLOS
XIX y XX
Alameda
del Valle estaba históricamente vinculada a Segovia, a cuya Comunidad
y Tierra pertenecía. Con la reforma administrativa de Javier de Burgos
en 1833, pasa a formar parte de la provincia de Madrid. La nueva situación
administrativa no cambia las costumbres y valores tradicionales de este
pueblo que sigue unido a su sexmo.
La
primera referencia gráfica del núcleo urbano la encontramos en 1879, en
un trabajo topográfico llevado a cabo por el Instituto Geográfico y Estadístico.
Se trata de un plano de población manuscrito en dos hojas a escala 1:1.000
y su autor es Gregorio González Sánchez.
Alameda
presenta en este documento una estructura irregular, en la que se alternan
la edificación y grandes huertas cercadas; delimitan estrechos callejones
que se ensanchan en las confluencias dando lugar a pequeñas "plazuelas"
desiguales. La zona de huertas se concentra en la mitad sur.
Durante
el siglo XIX la población crece a un ritmo constante; en 1889 el núcleo
tiene 100 casas y 400 habitantes. Sus construcciones siguen siendo de
origen rural a base de mampuestos de piedra granítica o de gneis, con
cubiertas de teja rabe que forman grandes paños.
A
finales del siglo XIX y primer tercios del XX aparecen algunas casas de
carácter más urbano. Sus fachadas están revocadas y utilizan elementos
constructivos más o menos cultos como jambas de piedra, cornisas de ladrillo,
forjan en sus balcones o impostas entre las plantas. Estas edificaciones
urbano-rurales tienen la característica de tener dos alturas y cámara
bajo cubierta.
De
esta época data la Casa Consistorial; la fachada tiene composición simétrica,
con dos balconadas a los lados u un cuerpo central más alto. Por encima
del balcón presidencial hay un reloj y una campana de forja, cuyo mecanismo
hay que darle cuerda todos los días.
En
la zona norte del pueblo se encuentra el grupo escolar Joaquín Caballero.
Responde al modelo de escuela rural unitaria de los años 40-50.
Próxima
a la zona de la iglesia existe una fragua. Es un pequeño edificio en piedra
revocado toscamente, es estructura de la cubierta realizada a dos aguas
la constituyen grandes cerchadas de madera, y en su interior se conservan
todos los elementos propios de una fragua, como fuelle, hogar y utensilios
en perfecto estado de uso.
La
ocupación principal sigue siendo la agrícola y ganadera. A fines del siglo
XIX el municipio tiene 400 cabezas de ganado vacuno y 200 ovejas que se
destinan a la obtención de carne y leche. Para las labores agrícolas se
contabilizan 72 caballos y 10 asnos.
"Su
industria se reduce a la elaboración de pan, fabricación de vino y aceite,
y conservas de carne y algunos frutos naturales".
En
1900, la población llega la cota más alta en su historia, con 408 habitantes;
a partir de entonces el censo baja paulatinamente. El descenso de la población
es una consecuencia directa del progresivo abandono de los recursos agropecuarios
y de la tendencia migratoria hacia Madrid que se produce a partir de los
años 50 en el entorno rural.
Fuera
del núcleo urbano, más allá de la ermita de Santa Ana, y ya cercano al
puerto de la Morcuera a 1700 metros de altitud encontramos el refugio
de la Majada del Cojo o "Majalcojo" como es conocido en los
alrededores. Actualmente es un refugio de alta montaña que pertenece a
la Agencia de Medio Ambiente, aunque fue construido como casa del guarda
forestal.
En
el entramado urbano todavía encontramos elementos de valor funcional,
hoy en desuso, como abrevaderos de piedra, trillos, restos de potros de
herrar o grandes lajas de piedra para cruzar acequias. Así como las cercas
de piedra de las huertas que las separan de las distintas calles, que
junto con los mampuestos que delimitan prados y huertos y el arbolado
y los frutales dan un aspecto característico al pueblo.
En
la zona sur, entre el núcleo y el río Lozoya, hay un espacioso descansadero-
abrevadero de 4,40 hectáreas en la otra orilla del río y nada más cruzar
el puente empieza las eras antes empedradas y ya cubiertas en parte por
arena y hierba.
Un
elemento fundamental en la configuración urbana lo constituye el arroyo
de la Sauca, que bordeando al pueblo y da forma a una avenida atravesada
por lamos.
IGLESIA
PARROQUIAL DE SANTA MARINA VIRGEN Y MÁRTIR
La
Iglesia parroquial de Santa Marina Virgen y Mártir está situada en el
borde suroeste del casco urbano. La construcción de la iglesia se inicia
en el siglo XVI, aunque nos e concluye hasta entrado el siguiente siglo.
El maestro de obras Juan de la Piedra da cuentas en 1604 al procurador
del Monasterio de El Paular de los gastos semanales de las obras y de
las "quatrocientas y cincuenta tejas que se compraron a cinco
blancas cada una" para su cubierta.
 En
el siglo XVIII se llevan a cabo nuevas reformas y ampliaciones.
Es
de planta rectangular, con una sola nave, rematada en la cabecera con
un bside, cuya parte central es plana y las laterales presentan un cuarto
de circunferencia. Esta cabecera se compone de una capilla mayor cuya
bóveda de medio punto está formada por una crucería sencilla sobre ménsulas.
Separa el presbiterio del resto de la nave un arco triunfal de medio punto
sobre pilastras.
Al
lado de la epístola se adosó en el siglo XVIII una nave en la que se encuentra
la sacristía y un vestíbulo. La primera, hoy convertida en capilla del
sagrario es de planta rectangular y tiene bóveda de cañón con lunetas
y molduras. El vestíbulo que da paso a la portaleda lateral, está separado
de la nave principal por dos arcos de medio punto apoyados sobre una columna
de orden toscano.
Al
exterior los muros son de mampostería con cadenas de sillería en los ngulos,
y contrafuertes en la parte e la cabecera. La torre está situada a los
pies, en el lado del Evangelio; es de planta cuadrada con dos cuerpos,
en el superior se abren ventanas de medio punto recercadas de sillería.
Hay
dos portadas de ingreso, una se abre a los pies y está constituída por
un arco de medio punto de gran dovelaje, sobre el que se emplaza una ventana
de sillería fechada. La otra portada, situada en la ampliación del siglo
XVIII, es el elemento más singular del edificio. Es una sencilla portada
plateresca en piedra arenisca; su dintel está decorado con un fino relieve
de follaje, dentro del más puro estilo renacentista. Está protegida por
un pequeño pórtico de madera que descansa sobre dos pilares de planta
cuadrada.
Un
atrio de forma irregular incrementa la importancia de esta portada. Es
un espacio algo elevado sobre el nivel del terreno, rodeado por un pequeño
muro de mampostería que intercala algunas pilastras rematadas por bolas
herrerianas.
Desde
este atrio se contemplan unas vistas de gran valor sobre las cimas montañosas
del Valle del Lozoya, con varios fondos de sierra entre los que sobresalen
el macizo de Peñalara y el alto de Los Cotos como hitos zonales.
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